La comodidad de lo conocido
Era un fin de semana como cualquier otro. Una amiga mía me había invitado a festejar su cumpleaños en su departamento junto con otros amigos. Luego de prepararme ya me sentía listo para dirigirme en camino hacia allá. Al llegar al departamento no pude evitar sentir un sentimiento de extrañeza. El departamento resultó ser más chico de lo que había pensado, con suerte era un poco más grande que mi cocina o mi aula de colegio. El lugar no tenía ventanas y se podía experimentar una enorme falta de aire a la que solía estar acostumbrado. Además, debido a la falta de ventilación, se podía sentir un fuerte olor a encierro y a comida frita recién cocinada. Por la falta de espacio noté aún más él sentimiento de estar encerrado. Al finalizar el cumpleaños y haber llegado a mi casa, no pude evitar sentirme un tanto extrañado e incómodo al respecto de la situación. Al llegar a mi casa, comencé inconscientemente a compararlo al departamento de mi amiga al respirar bocanadas grandes de aire. M...